19 de diciembre de 2014

El otro día salieron los resultado del concurso que organiza el hotel Mandarin Oriental (enlace a web)
Había casi 700 relatos participando y un listón muy alto, así que no pude ganar. Tengo que decir que aunque el relato ganador es original, leí algunos mejores (más que nada por la cantidad de errores que tenía), pero hay que respetar la decisión del jurado.
Como este año se celebraba el 5º aniversario del hotel, la temática era Aniversario y los relatos no podían superar las 150 palabras.
Os dejo los míos.

LO BELLO DE LA IMPERFECCIÓN.
Es mi quinto aniversario. Me miro en el espejo y contemplo mi reflejo. Veo a un ser perfecto, elegante y hermoso que me contempla con su cautivadora mirada. Alargo una mano que atraviesa el espejo y me veo a mí misma como alguien magnífica: una diosa exageradamente bella en un mundo perfecto y junto a un marido ideal. Es mi marido, sé que es él, pero al verlo sé que no es el de siempre. Su esplendor es tal que daña la vista. Me giro, atravieso el espejo y vuelvo a mi habitación. Cojo una caja que hay sobre la mesa y la lanzo contra el espejo, que se rompe en cientos de añicos. 
Y entonces pienso que prefiero un mundo plagado de errores que uno que no resulta creíble por su irritante perfección.


CARPE DIEM.
Llevo todo el año esperando nuestro aniversario, soñando con el día, pensando en qué vamos a hacer, qué te voy a regalar, a dónde iremos. Tengo una absurda obsesión para que sea el día perfecto, sin ningún error, pero me empiezo a dar cuenta de la importancia de vivir cada momento como si fuese especial, en vez de esperar 364 días por 24 horas especiales.


VESTIDO DE NOVIA.
Me dormí feliz, pensando en la ilusión que me hacía casarme a la semana siguiente. Yo entraba en la iglesia con un bonito vestido. Cada manga tenía un lazo de mazapán azul y en el escote unos bombones de chocolate blanco hacían de collar. En la cintura reposaba un cinturón de macarrones y de la falda del vestido colgaban todo tipo de hortalizas. Un par de guisantes en mi anillo decoraban mi delicado dedo. Tras este sueño me desperté, riéndome de mis ocurrencias.

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